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Lo que ocurre pero no ves en el Festival de Teatro de Mérida

20 Sep 16

Es uno de los eventos culturales más importantes de España y este año ha vuelto a mejorar su cifra de espectadores: más de 163.000 asistentes, un 3% más que en 2015. El Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida no es un certamen cualquiera, por eso hemos querido colarnos entre sus bambalinas, para conocer qué se cuece tras cada izada de telón, para saber qué pasa cuando las luces se apagan, para descubrir dónde reside el éxito de cada función.

Aunque el Festival se celebra durante los de meses julio y agosto, hace falta todo un año para prepararlo. Cuando una temporada baja el telón, su director empieza a trabajar ya en la próxima edición: qué títulos se van a representar, quién los va a dirigir, cuál será el equipo artístico y técnico… Cada obra es un estreno absoluto, por lo que no es de extrañar que cada espectáculo requiera un mínimo de 45 días para llevarse a escena (algunos llegan a necesitar entre 6 y 10 meses de preparación). El director del Festival, Jesús Cimarro, nos da una de las claves del éxito: “tras cada función, hay un equipo de casi 550 personas, además del personal externo de decorados, vestuarios, etc.”

80 PERSONAS SOBRE EL ESCENARIO

Llegamos a Mérida un domingo por la noche, es el día de la semana clave para el Festival, un cruce de caminos en el que, cuando una compañía se marcha tras su representación, otra llega a empezar de nuevo el show. Este festival nunca descansa porque el público espera expectante a cada función.

El trasiego de gente sobre el escenario es frenético, entre 70 y 80 personas haciendo y deshaciendo, algunos llevan en la cabeza el eco de los aplausos recibidos mientras otros lidian con los nervios del próximo estreno. El director vuelve a recorrer el teatro como ya hiciera al preparar la función, es un escenario único, con una embocadura de 50 metros, no de 10, como es habitual. Ha debido planificar cada detalle: desde el lateral del escenario un actor o actriz puede tardar en llegar al centro entre 1,5 y 2 minutos, debe tener un texto lo suficientemente largo, su compañero de reparto debe saber cuánto tardará en estar a su lado… Nada queda en manos de la improvisación. Los actores, muchos de ellos consagrados, llegan a un lugar fetiche para la profesión.

En sus caras se nota que no es un lugar cualquiera, es el templo más grande de España, con 2.000 años de historia y capacidad para 3.098 espectadores. Sienten un gran respeto, casi vértigo, confiesan algunos de ellos. El telón se levanta y mientas en la escena la intensidad está garantizada por los intérpretes, el texto y el juego de luces; en los camerinos, escondidos tras la terraza del Festival, la intensidad se vive en forma de carreras, cambios de vestuario, peluquería, maquillaje y un sinfín de detalles para que todo salga perfecto. Tras el éxito, algo curioso en este certamen: el fenómeno fan… para todas las edades. Muchos de los actores y actrices son conocidos en la pequeña y gran pantalla así que a las puertas del Teatro de Mérida, los vítores, autógrafos y fotografías son diarios tras la función… y no solo para las figuras más jóvenes, aquí también arrasan en fenómeno fan figuras como Concha Velasco, Paloma San Basilio o Vernónica Forqué.

La-décima-musa.-Festival-de-Mérida

Un éxito seguro

En los últimos 5 años nunca ha debido suspenderse una función por causas meteorológicas pero Cimarro nos confiesa que siempre se está pendiente del hombre del tiempo. En Mérida, se puede llegar a actuar a 30 grados o incluso pasando frío, porque la noche extremeña es de grandes contrastes. Así pues, mirar al cielo, largas jornadas de ensayo y un extenso equipo de profesionales son la clave del éxito de un Festival que cada verano hace historia, y lo hace, además, con la protección de Reale Seguros.